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La Clase POLÍTICA

…. no tendría lugar este escrito si no existiera “la clase”, otra vez “la lucha de clases”, que nunca acabó, ni desapareció, se escondió, para en la mejor oportunidad volver a salir. Sí, “la Clase Política”, es una clase muy mala, prosigue a espaldas de la ciudadanía encerrada en su único objetivo, la lucha por el poder. La opción de ganar sin el riesgo de perder.clase política

Me vais a permitir posicionarme, antes de iniciar: No existen en el mercado “siglas” políticas que cumplan con mis objetivos.

El buen político es el que se ocupa de luchar por el bienestar de todas las personas, el que está más cerca de los que más lo necesitan.

Los partidos políticos tienen que regenerarse, se han convertido en lugares para ocupar puestos, cuando tendrían que tener un gran proyecto político para decirle a la gente “así es cómo vamos a conseguir su bienestar”.

El artículo 13 de la Constitución de Cádiz, dice: “El fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que lo integran”. Y el artículo 9.2 de la Constitución Española del 78 dice: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para la libertad y la igualdad de las personas y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas”. La Carta de los Derechos Humanos dice: “Todos los seres humanos nacemos libres e iguales y, como estamos dotados de razón, debemos comportarnos fraternalmente los unos con los otros”. Estos son los pilares en los que debe asentarse toda actividad política.Política

Se habla y escribe mucho sobre el abuso de la clase política, lo que ha llevado a descalificar todo lo que suene a política, con razón, pero nada más lejos de la realidad, sin política no habría democracia. Respetar la democracia es respetar a quién nos gobierna, los abusos se denuncian en los juzgados.

Esto ha llegado al límite y es necesario, casi me atrevo a decir imprescindible, un cambio si no queremos acabar con la democracia, la clase política se está apoderando del país, y lo que nació y siempre fue el símbolo, la guía a seguir, se ha convertido en “la lucha de clases”, todo lo contrario a la democracia, Libertad y Justicia, enfrentados a los ciudadanos, sin igualdad y cada vez con más privilegios que nos han llevado a la corrupción.

Los políticos, están muy a gusto, se han convertido en clase, en casta, no en una élite a respetar, que han perdido la dignidad propia al estar acabando con la de las personas, y cuando algo no funciona, se deteriora, hay que cambiarlo, primero las personas, con ellas el modelo. Nadie duda de la democracia, que sin política no sería posible, pero debemos analizar muy bien que ha fallado, corregir, y elegir personas con valores y conocimientos.

Mientras la política, al igual que la religión, sólo sirva para separarnos, tendremos que acudir a la música, así es como quisiera yo la política un vínculo de unión.

Ya sé que no existen seres humanos 100 % éticos, tampoco totalmente deshonestos, pero esto no puede implicar darnos por vencidos.

La percepción que tenemos de los políticos ya no puede ser más abajo.

Los privilegios llevan a la corrupción, y ésta acaba con todo. Siguen habiendo desigualdades enormes, debido a los privilegios de los políticos que aprovechan los grupos de poder económicos, que influyen en decisiones orientadas a intereses particulares y no a los generales, con un trato de favor frente al ciudadano común, permitiendo una situación injusta. Todo NO se mueve (debe moverse) por el dinero, aunque se dice que todo lo que mueve dinero está podrido. En la corrupción existen dos partes, el que pide y el que da y viceversa, si no se diera se acabaría la corrupción. La otra parte que habría que eliminar son las pequeñas marrullerías que sirven para reafirmar la gran corrupción.

La cosa está en decir, ya lo arreglaran, déjalo correr, lo que tenga que venir vendrá, dejarlo todo al destino, a la improvisación, o cambiamos. Es de suma importancia actuar con rapidez, con decisión, afrontando los problemas, sin miedo al cambio.

Los políticos son los que hacen e imponen las leyes para una sociedad justa, el instrumento  para la democracia, que cumpla y haga cumplir, con valores de honestidad, transparencia (sabías que España es el último gran país europeo sin ley de transparencia, el Gobierno, la Administración, impide el acceso de los ciudadanos a todo tipo de datos), justicia, con total igualdad, mientras esto no se cumpla “sobran todos”. Es necesario un cambio de personas capaces para el diálogo y el consenso, que se adapte a este mundo, sin privilegios – ninguno – y limpios de la corrupción que ha contaminado a toda la política.

La política del ciudadano, la política de la calle, la política de las personas, la política de todos. El sistema, la clase política vive sin tener en cuenta la vida, lo normal, lo que se llama la calle, o no la conocen, o la ignoran, y ellos deciden por todos. La vuelta de la política a la calle es imprescindible para cambiar esto, participando todos en política. El desprestigio de los políticos es un problema muy grave, la política ha dejado de ser atractiva para la gente capaz, estamos instalados en la mediocridad, además de la corrupción.Movilizarse

Hay que cambiar de modelo, luchar contra la corrupción, despertar de una vez, sino estamos muertos. Hay que recuperar los valores democráticos, son los valores de vida, y esto solo lo puede hacer la gente de a pie, los políticos nos han trasladado todas sus mierdas, se va filtrando a la sociedad, no nos damos cuenta, no sé si sabremos lo que hay que hacer, lo que sí sabemos es lo que no hay que hacer nunca más.

Estamos locos, tontos, o qué, cómo se va a permitir una pobreza del 40 %, tardar 20 años en recuperar el bienestar, según las ONG, si así fuera, ningún político tiene perdón de Dios, mucho menos de los ciudadanos, que debemos salvar esto antes de que sea demasiado tarde, lo de ricos y pobres ya fue en la posguerra, no se puede volver a repetir, y somos todos responsables, ellos los culpables.

Tener al ciudadano calladito con subvenciones, miedo, poder, dependencias de las administraciones, con la complicidad de asociaciones y personas con privilegios, nos han llevado a esto, hay que cambiar ya, sino nuestros hijos y nietos nos lo van a demandar de por vida, así no podemos quedar en la historia.

La denominada Izquierda (Comunistas, Socialdemocracia, Reformistas, Progresistas,….), renovada, moderna, 100 % presentable, si va en unidad y hace una oposición responsable, tiene mucho futuro. La Derecha (Conservadores, Liberales, Democristianos,….) está en su sitio, siempre supo jugar a la política. Se despiden desde hace muchos años, intentando redefinirse en Terceras vías con el fin de las ideologías, con soluciones y eficacia en la Gestión. Mercados, Capitalismo, patrimonio de quién. Todos deben incorporar nuevos valores (sostenibilidad, humanismo), modernizar sus programas (no solo Gobiernos y Mercados) y ampliar el campo de acción, llevarlo al ámbito internacional, sin olvidar lo local, desde lo local y muy de cerca, codo con codo. La gente vota por los candidatos, las personas, pero el voto duro no puede dispersarse.Políticos

El poder de los alcaldes, como representantes más cercanos a las personas. La relevancia cada vez mayor del poder local. Política para ganar, después a gestionar, todos juntos. Hay que poder ir casa por casa a explicar los proyectos a hacer política durante las elecciones. Las tecnologías permiten hacerlo y tienen enormes efectos.

Decía Chesterton: “Un gobernante inteligente y honrado con un equipo de colaboradores inteligentes y honrados puede hacer maravillas en un país cuando la mayoría de los ciudadanos son también inteligentes y honrados”. “El poder es un servicio, no un privilegio”.

El 15-M, la Sociedad Civil (no confundir con SCD), parecía un buen inicio, avalados por filósofos, sociólogos, viejos pensadores del mundo, a los que seguimos sin hacerles caso, los usamos para shows, pero tardamos demasiado en hacer cosas, sin revolución nunca habrá evolución, somos muchos, capaces, con talento, no podemos llegar al final de nuestra vida y arrepentirnos, simplemente por falta de coraje, de no hacer las cosas, de no tomar decisiones. ¡Ya!. Por si os sirve, os diré: si en vez de crisis le llamamos robo, que tal os sienta, pues es un atraco a mano armada, hay que darse cuenta, hay que movilizarse en masa, ante la estafa, nunca ha habido crisis. No lo olvidéis tenéis una responsabilidad generacional, nosotros ya la cagamos, pero estamos acostumbrados a resistir, hay que echar una mano y el resto. De generación perdida nada, esto es pura ficción, como las explicaciones sobre las burbujas y la economía.

No podemos convertir a estos movimientos ciudadanos en una mera forma emocional, debemos dotarlos del pensamiento que les falta, aunque yo más bien diría, implantando mi “Cerebros con Corazón”, nunca pueden actuar por aparte. Se ven a los partidos políticos como los culpables de todos los problemas, pero es muy sencillo, no se puede cambiar sin organización, hay que sustituirles. Yo no sé si la gente no actúa, del todo, por miedo, por prudencia, o por falta de práctica. Se están haciendo planteamientos serios, con mucho conocimiento, pero con todo existen dudas (falta de toma de decisiones, falta de líderes – no os confundáis.

La transición está por hacer, hemos perdido muchos trenes, no podemos actuar siempre echando la culpa a los otros de todos nuestros males, sino siempre estaremos con las huellas del pasado, la baja calidad de nuestra democracia debido al origen requiere de una reforma.

Para terminar quiero compartir con vosotros una reflexión que escribí hace muchos años y forma parte de mis escritos VIVIR, así como una parte de mi Conferencia sobre el asunto que creo de interés:

Los políticos deberían dar cuenta y ser responsables de lo que dicen y hacen, los ciudadanos deberíamos ser más participativos. El principio de la democracia debería ser el protagonismo de los ciudadanos. Tenemos que darnos cuenta que la democracia es el gobierno del pueblo y los políticos representantes y coordinadores de las sugerencias, proyectos, y de las ilusiones de la sociedad.

Napoleón decía que la obra política más difícil es obtener la confianza antes del éxito, le faltó añadir que la más fácil es olvidar las promesas después del triunfo. Desde entonces, los políticos, se ocupan de recordar los fracasos ajenos y olvidar los propios, estén en el poder o en la oposición.

La democracia “tiene su lado oscuro”: Nos hemos enamorado tanto de la democracia que se nos olvida pensar en ella con rigor. El “lado oscuro” es el mismo del qué habló Tocqueville hace + de 150 años: un sistema desequilibrado, en el que la mayoría abusa de su poder, arrolla los derechos de la minoría y destruye la base liberal de la sociedad.

Consigamos que la DEMOCRACIA sea LIBERTAD y JUSTICIA.

EL QUE NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR (los políticos que necesitamos).

Una respuesta a “La Clase POLÍTICA”

  1. jesus esteban

    Querido amigo Jordi,

    He leído con gusto tu post. He disfrutado porque todo él traspira que eres un hombre honrado, ocupado y también preocupado, y mucho, por la sociedad en que vivimos y por el mundo que vamos a dejar a la siguiente generación. A nuestros hijos. También he disfrutado, hay que decirlo claramente, porque me identifico con la mayor parte de lo que dices. Pero como ya no se llevan las adhesiones inquebrantables quiero hacerte una serie de comentarios y matizaciones desde mi personal punto de vista.

    Nos dices que no existen en el mercado siglas políticas que cumplan con tus objetivos. Creo que este es un sentimiento muy generalizado. Yo, personalmente, tampoco encuentro ningún partido que satisfaga mis ideales y cada vez que llegan las elecciones tengo que vencer la tentación de no votar y, al fin, voto a aquellos que creo que lo harán menos mal dentro de sus limitaciones. Sabiendo que han ido a las elecciones sin explicar con claridad los gravísimos problemas que tenemos, ni las soluciones que piensan aplicar. Lo hacen para no ahuyentar a sus votantes. O sea, para engañarnos. Y luego, cuando han ganado, nos vuelven a engañar porque aplican medidas opuestas a lo que decían y olvidan fácilmente sus promesas después del triunfo, como tú añades al citar a Napoleón.

    Te refieres a nuestros políticos como “la clase política” y lamentas que estemos otra vez con la lucha de clases. Yo no lo veo así. No creo que aún se haya iniciado una lucha de los ciudadanos contra los políticos. Aunque seguramente lo merecen. Ya veremos qué pasa si no cambian su actitud. Además me parece que, más que en una “clase”, nuestros políticos se han convertido en una “casta”. Algo parecido a la aristocracia del viejo régimen. Como colectivo, aunque haya gente honesta a nivel individual, digo que, como colectivo, han establecido una serie de privilegios para ellos y de obligaciones para los demás. Se sienten por encima de la Ley y la Justicia (no hace falte que te mencione todos los tristes episodios sucedidos recientemente). Ni el mismo Rey debería estar por encima de la Ley. En mi opinión habría que cambiar el artículo 56.3 de la Constitución que dice “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. No, aquí todos, incluido el Rey, debemos ser responsables de nuestros actos y de nuestras palabras. Y ¡del Rey abajo, ninguno! Por último están convirtiendo la condición de político en algo hereditario. Ya llegan a cargos relevantes los hijos y los ahijados de los políticos.

    Aún hoy hay muchos que al clasificar políticamente a los partidos, o a las personas, utilizan la clásica separación entre derechas e izquierdas. Yo mismo lo hago a veces por comodidad, aunque trato de evitarlo, ya que me parece una clasificación desfasada. Propia de otros tiempos. Hoy, posiblemente, la mayor parte de la gente es de derechas en unas cosas y de izquierdas en otras. Pero para mí lo más importante es que la sociedad ya no está dividida con una raya vertical que deja a unos ciudadanos a la derecha y a otros en la izquierda, sino que la raya divisoria es horizontal y deja a los políticos “encima” y a los ciudadanos “debajo”. Los políticos están arriba, mantenidos, soportados y pagados por el resto de la sociedad. Además, como bien dices, con demasiada frecuencia -y no me refiero sólo a los excesivos casos de corrupción y enriquecimiento ilegítimo- es difícil aceptar que sus actuaciones estén orientadas a conseguir el mayor bienestar de todos los individuos que integran la sociedad, ni a promover las condiciones de mayor libertad e igualdad de las personas, como establece nuestra Constitución y la Carta de los Derechos Humanos. Aprovecho para señalar que ambas se pone la libertad delante de la igualdad. Yo entiendo que de lo que se trata es de que haya igualdad de partida, igualdad de oportunidades. Pero no igualdad en la llegada, donde el puesto de cada uno dependerá de su esfuerzo, méritos y dedicación.

    Qué razón tienes cuando dices que la clase política se está apoderando del país. Los partidos lo ocupan todo, la propia política y sus instituciones, pero también las cajas de ahorro, las empresas públicas, las universidades y todos los niveles de la enseñanza, las instituciones culturales, las asociaciones de vecinos y consumidores y, lo que es más grave, la Justicia. En la democracia la limitación del poder es clave, y esta ocupación absoluta de todas las instituciones sociales por los partidos políticos la pone en grave riesgo. Incluso los medios de comunicación están en sus manos ya que dependen económicamente de la publicidad oficial. Incluso una parte importante de los periodistas está absolutamente alineada con uno u otro partido por las razones que ellos sabrán. En las tertulias políticas se sabe lo que cada uno va a decir antes de que empiece a hablar. Una gran parte de la clase periodística, lejos de ser un control del poder, escribe sin ningún respeto a la inteligencia y se convierte en colaborador necesario para el engaño de la ciudadanía.

    Esto sí que se ha convertido en otra “burbuja”. La burbuja política. Sobran políticos. Sobran muchos y les falta calidad. Como tú dices, estamos instalados en la mediocridad y preguntas “¿qué ha fallado? ¿Cómo no hemos sabido elegir personas con valores y conocimientos?” Para mí, la respuesta es fácil.

    Lo primero hay cambiar la ley electoral. Esto es clave. El sistema proporcional con listas cerradas es la base de la “partitocracia”. A los ciudadanos nos humilla obligándonos a elegir a un partido y no a un representante al que podamos exigir responsabilidades. A los candidatos los convierte en “siervos de su señor”, del “señor” que hace las listas. A la democracia la deteriora haciendo que los partidos adquieran pautas autoritarias, contraviniendo de forma clara la Constitución que los define como organizaciones democráticas. Por ello es necesario cambiar a un sistema mayoritario con candidato único por circunscripción.

    Lo segundo sacar la política fuera de la Justicia y de los órganos jurisdiccionales, y luego hacer un ajuste serio en las instituciones políticas. Algo como lo que se está iniciando con las cajas de ahorro intervenidas, a las que se obliga a cerrar la mitad de sus oficinas y reducir muy significativamente el número de sus empleados. Pues aquí, para poder sobrevivir, también es urgente reducir el número de políticos a menos de la mitad; cerrar el Senado, del que tras 35 años de democracia aún nadie sabe para qué sirve, salvo para entretener a 263 senadores y gastarnos 50 millones de euros anuales; eliminar o reducir a la mínima expresión los 17 parlamentos autonómicos; unificar los Ayuntamientos más pequeños, limitando además el número de concejales y reduciendo sus sueldos; eliminar las Diputaciones provinciales, forales, cabildos y consejos insulares que nos cuestan unos 22.000 millones cada año; suprimir los consejos y consejillos económicos y sociales de todas las autonomías; eliminar también los 17 consejos de defensa de la competencia, los 17 defensores del pueblo y tantos otros más.

    Al mismo tiempo, aunque lo escriba en tercer lugar, hay que facilitar la organización de la sociedad civil. Facilitar la creación de nuevos movimientos sociales y también, ¿por qué no?, de nuevos partidos. El actual sistema está diseñado por los partidos creados en la transición de tal modo que se evita la innovación en el sistema. Es casi imposible crear un nuevo partido y tener algo de éxito. Ya vemos las dificultades de Ciudadans y de UPYD. Hay que terminar con las subvenciones a los partidos y limitar los gastos de sus aparatos de propaganda. Origen, o tal vez sólo justificación, de muchos de los casos de corrupción. Más aún, el sistema actual subvenciona descaradamente a los partidos ya existentes. Se premian los errores de los que ya están instalados y no se tiene en cuenta las ideas, buenas o malas, que pueda traer alguien nuevo. Una herramienta tan fundamental como es la TV está únicamente en manos del que controla el gobierno y la asignación de tiempos y horarios, durante las elecciones, es muy injusta. Un partido nuevo solo tendrá unos minutos en horas de mínima audiencia. Por esto aún no han cerrado ninguna de las ruinosas televisiones públicas.

    La consecuencia de todo esto es que los que ya están se cierran en sí mismos. Forman “la casta”. Y los ciudadanos se quedamos fuera y los consideramos un problema. Cada día es mayor la distancian entre unos y otros. ¿Cómo romper este círculo vicioso?

    Jordi, en tu artículo afirmas que hay valores y buena gente en los partidos de izquierda, en la derecha y, también, en los movimientos de indignados como el 15M. Que en la colaboración de todos está la solución. Yo sobre esto tengo dudas. Personas que a nivel individual son honradas y valiosas, no hay ninguna duda de que las hay en todas esta organizaciones y en todas partes. Pero si miramos a las organizaciones como tales, me parece muy difícil mantener la afirmación. Las organizaciones están basadas en ideologías, hoy muchas de ellas desfasadas y sin sentido. Además la corrupción se ha extendido por todos los partidos de izquierda y de derecha. La corrupción lo pringa todo. La mediocridad es la otra plaga que asola estas organizaciones. La gente de la calle, y entre ellos los indignados, se queja de la mediocridad de la clase política y es una queja razonable. Mucha gente ya lo está pasando mal. Pero si juzgamos por sus reacciones, son tan mediocres como los políticos. O están adormecidos por unas ideas “progresistas” que aceptan sin haber reflexionado seriamente sobre ellas. Si no, ¿qué explicación puede tener el apoyo muy generalizado a acciones y soluciones populistas insostenibles y carentes de racionalidad política y económica? Muchas de los cientos de manifestaciones, que en los últimos meses hemos tenido que soportar los ciudadanos madrileños, han mostrado una masa gritona y ocupa plazas. No comprenden en qué consiste ni en qué se basa la democracia. Hace poco, en el periódico “El Mundo” del 15 de enero, leía que las Juventudes Socialistas habían llamado a boicotear una conferencia del ministro Wert organizada en Sevilla por El Mundo de Andalucía, y de hecho, con la ayuda de los tradicionales grupos antisistema, que se han hecho los dueños de nuestras universidades públicas, habían impedido su celebración. Este es un pequeño ejemplo y posiblemente no de los más importantes. Pero esto es simplemente violencia. Es fascismo. Me recuerda el incidente de Unamuno en la Universidad de Salamanca. Estas situaciones me asustan porque esto degenera rápidamente. Es urgente empezar a cambiar.

    Mientras tanto la puerta del futuro está cerrada. La gente dice: “alguien lo tendrá que arreglar”. Pero nadie nos va arreglar nada. La pregunta ya no es ¿qué va a pasar? Sino ¿qué vamos a hacer? Cada uno tendrá que ver cómo va arreglando lo suyo. Lo tenemos que arreglar nosotros, los ciudadanos. Los ciudadanos sencillos con las manos y la mirada limpia. Hay que continuar la transición hacia la auténtica democracia. No ignorar nada de lo sucedido, sino ver lo que ha fallado, corregirlo, eliminar lo inútil y continuar hacia adelante.

    La solución no es fácil. Se me ocurre que una forma de empezar puede ser tratar de saber si somos muchos o pocos los que compartimos estas ideas. Juntar a los que se pueda y ponernos a difundir hacia la sociedad las ideas del humanismo, de la honradez, de la austeridad, el esfuerzo y la responsabilidad. Un medio puede ser usar Internet, desde un sitio web dedicado a difundir este tipo de ideas y ver si hay gente que se adhiere y las apoya. Ideas como: el valor social de la ética y de la honradez; tenemos derechos y también obligaciones; cada uno debe solucionar sus problemas y no esperar que otros lo hagan; responsabilidad personal, nadie es irresponsable; todos somos responsables de lo que decimos y de lo que hacemos; todo tiene consecuencias; nada es gratis; siempre hay que pagar la cuenta; necesidad urgente de la regeneración democrática; lucha decidida contra la corrupción; el caciquismo regional fuente de corrupción; democracia; división y equilibrio de poderes; Estado de derecho y respeto a la ley; organización y finalidad de los partidos políticos; participación ciudadana; sociedad civil; el valor del esfuerzo, el mérito y el conocimiento; el valor de decir la verdad; siempre hay que cumplir con la palabra dada, incluidos los programas políticos; el fin no justifica los medios; respeto a las creencias de los demás; independencia de los medios de comunicación; derecho y obligación de los padres a educar a sus hijos; etc. etc.

    En tu artículo hablas de otros movimientos de este tipo que ya están actuando. En concreto citas a Sociedad Cívica. Por ello, este fin de semana he entrado en el web del Foro de la Sociedad Cívica. Es realmente interesante. Ahora solicitan adhesiones a un muy sensato Manifiesto a favor de la reforma de la Constitución y de la Ley electoral. Se trata de un importante grupo de intelectuales, catedráticos, militares de alta graduación jubilados, etc. El que ya haya movimientos promocionando ideas similares no me parece ningún obstáculo para que otros lo intenten a otro nivel. Al final todos podemos converger y sumar fuerzas. Como te decía antes, tal vez valga la pena empezar a actuar y si en algún momento se llega a alcanzar una masa crítica ya se pensaría qué hacer entonces: manifiestos, actividad social, propuestas concretas a los partidos, apoyo a un nuevo partido, ¿quién lo sabe ahora? Ya se vería. Cómo decía una vieja canción: “ya sé que el camino es largo”, pero hay muchos que queremos andarlo. ¿Estamos seguros de que queremos andarlo? Cuando uno trabaja y tiene otras obligaciones, no le queda mucho tiempo. Escribir esto me ha llevado varios días. Se necesita un grupo suficientemente amplio de buena gente dispuesta a trabajar. Y además organización. No es fácil. Pero aquí está mi mano tendida para ti y para quienes compartan estas ideas.

    Esto es todo, que ya resulta bastante largo. Nos vemos Jordi. Un abrazo a todos los ciudadanos con ideas y ganas de cambiar las cosas.

    Jesús Esteban

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